El pasado 2 de mayo se realizó un acto en La Perla de Once, el bar donde nos reuniamos en los 60’s luego de tocar en la Cueva todas las noches. Se descubrío una placa conmemorativa por los 40 años desde que se compusiera La Balsa, canción emblema del rock Argentino. Este tema se compuso en el baño de ese bar situado en calla Rivadavia, en frente de plaza Miserere.
El acto muy bien organizado entre la junta vecinal del barrio de Balvanera y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires contó con la presencia de antiguos asistentes a la Perla como, Moris, el Gordo Martínez, Miguel Grinberg y los integrantes de Los Gatos (Kay, Litto y Ciro).
Me tocó leer un escrito que preparé para la ocasión y que a continuacion transcribo literalmente:
Buenas tardes a todos, queridos amigos, asistentes a este acto.
Quisiera saludar y agradecer al edil del gobierno de la ciudad Chango Farias Gomez, al propulsor de este evento Roberto Flores y si me permiten solo reseñar en pocas palabras el porqué estamos reunidos en la Perla de Once.
Todavía resuenan en mi recuerdo, los acordes de una canción que se convirtió en el himno del rock argentino y que curiosamente fué compuesta en este recinto.
Todos sabemos que se trata de la Balsa.
Tanguito y Lito, LItto y Tanguito sentados frente a frente en el pasillo que llevaba al baño, rasgeando una guitarra y escribiendo juntos lo que sería un himno para toda una generación,
En el año 1967, el corredor imaginario que transitaba el camino desde La Cueva en la calle Pueyrredon hasta la pension que albergaba a los músicos de Los Gatos en Avenida Rivadavia, tenía una parada obligada en la Perla de Once.
En noches de café con leche, charlas e ilusiones compartidas se fué juntando un grupo de jóvenes que por afinidad, curiosidad o circunstancias de la vida, se reunían en este bar hasta altas horas de la noche, ocupando generalmente las mesas del fondo, mientras estudiantes nocturnos al ritmo de cafés y lectura preparaban sus exámenes-.
Nos llamábamos náufragos de la noche y jugábamos a crear una nueva manera de comunicarnos con palabras y expresiones que provenían de diferentes barrios y países.
Así èramos naufragos, nos saludábamos con un “como viene la mano” o “que haces loco” y sobre todas las cosas, la música siempre presente, flotando como una balsa que nos transportaba a ese país musical imaginario y deseado.
Me parece todavía ver a Moris charlando con Litto, a Javier Martínez filosofando junto a Pipo Lernoud.
A Pajarito Zaguri contando sus andanzas nocturnas, a Tanguito dejando su guitarra en una silla.
A Moro y a Kay soñando con armar un grupo de rock mientras el Gordo Martínez les daba aliento.
A los dos, Miguel Grinberg y Miguel Abuelo con un libro de poesía bajo el brazo.
El rock argentino, es ya , como el folklore y el tango, una música auténticamente nuestra.
Es reconocido su prestigio en todo el mundo.
Desde coleccionistas Americanos, Europeos y Japoneses que buscan los vinilos y reedicciones de los 60 y 70 hasta la realidad actual con los grandes grupos y solistas que desde hace ya más de 20 años recorren Sudameríca y Europa convocando a multitudes.
Este pequeño gran homenaje que realiza el gobierno de la ciudad de Buenos aires, nos obliga a pensar en que ha llegado la hora de que el rock argentino reciba el apoyo definitivo de las autoridades y sobre todo el reconocimiento de ser una expresión auténtica de la cultura de nuestro país.
Muchas gracias por su atención y buenas tardes a todos.